La medicina de transfusión en la práctica veterinaria ha ido evolucionando hasta convertirse en una rama especializada. Actualmente los avances incluyen sistemas de tipificación sanguínea, pruebas de compatibilidad, diagnósticos de laboratorio y la utilización de componentes sanguíneos. La separación de la sangre entera en sus compuestos permite dirigir la terapia de una forma más específica y acorde con las necesidades de cada paciente. Además de esto, permite que varios pacientes se beneficien de una sola donación de sangre.
A nivel mundial, en los últimos 35 años, se ha incrementado el uso de compuestos sanguíneos sobre la utilización de sangre entera. A pesar de que en la práctica diaria la administración de sangre entera siempre es una opción viable, puede traer desventajas para el paciente. La sobrecarga de volumen y la innecesaria exposición a antígenos eritrocitarios son algunas de ellas.
El plasma se define como el sobrenadante de una unidad de sangre entera que se fracciona y se separa de su parte celular. Contiene todos los factores de coagulación y proteínas plasmáticas (Albúmina y Globulinas).
Plasma
Una vez separado, el plasma debe almacenarse en congelación por debajo de los -20 °C y su vida media va de 1 a 5 años.
Plasma fresco congelado: se denomina así durante el primer año de almacenamiento y se mantienen intactos todos sus componentes.
Plasma congelado: a partir de un año y hasta los 5 años de almacenamiento. Conforme pasa el tiempo, se van perdiendo algunos factores lábiles como por ejemplo fibrinógeno, factores V, VIII y Von Willebrand; pero continúa siendo una buena fuente de factores de coagulación dependientes de Vitamina K (Factores II, VII, IX y X), Albúmina y para dar soporte coloidal.
Indicaciones
– Reemplazo parenteral de factores de coagulación
- Coagulopatías por deficiencias de factores de coagulación dependientes de vitamina K (intoxicación por rodenticidas).
- Coagulopatías de origen hereditario: Enfermedad de Von Willebrand, Hemofilia A.
- Coagulación Intravascular Diseminada (CID).
- Enfermedad hepática severa con alteración en los tiempos de coagulación.
– Reemplazo parenteral de proteínas plasmáticas
- Hipoalbuminemia: esta condición produce una disminución de la presión oncótica del plasma y consecuentemente edema. Puede además presentarse alteraciones en el transporte de ciertos fármacos. La transfusión estará indicada cuando la hipoalbuminemia esté provocando edema (Alb < 1.5-2g/dl). En estos casos, se utiliza una dosis más alta a la normal recomendada, de 22.5 a 45 ml/kg para aumentar los niveles de Albúmina en 0.5 – 1.0 g/dl. **En hipoalbuminemias clínicamente significativas es casi imposible proveer por medio del plasma las suficientes proteínas plasmáticas para alcanzar valores normales, sin embargo en pacientes hospitalizados es importante reponerlas por su papel en el transporte de moléculas.
– Expansión de volumen plasmático para pacientes hipovolémicos.
– Manejo de sangrado intenso post quirúrgico por consumo de factores de coagulación.
– Pancreatitis → se ha sugerido su uso; sin embargo, faltan evidencias que demuestren su beneficio. Principalmente se ha evaluado el aporte de Alfa-macroglobulinas y mantenimiento de niveles de Albúmina. Un estudio retrospectivo (Logan et al, 2001), realizado en 74 perros que recibieron transfusiones de plasma reveló que 10 de estos individuos recibieron la transfusión como parte del tratamiento para pancreatitis aguda, dirigido a la reposición de alfa-macroglobulinas. De esos 10 individuos, el 70% sobrevivieron al finalizar el estudio.
– Parvovirus → las fuentes consultadas sugieren su uso por la posible transferencia pasiva de anticuerpos, para la mantención de los niveles de albúmina y por el aporte de inhibidores de proteasa sérica, que ayudan a neutralizar el virus circulante y a disminuir la respuesta inflamatoria. Sin embargo, al igual que en los casos de pancreatitis no existen estudios controlados que avalen esta afirmación.
Administración
Las bolsas de plasma fresco congelado deben manejarse con cuidado ya que pueden romperse fácilmente. Si se necesita de forma urgente la unidad de plasma se puede descongelar colocándola dentro de una bolsa con cierre tipo zip-lock y posteriormente sumergiéndola en agua tibia (<37°C). Se debe reponer agua tibia conforme ésta se enfría por el proceso de descongelación.
La dosis puede variar de 8-12 ml/kg o hasta 20 ml/kg, como dosis única o cada 8-12 horas dependiendo de las necesidades del paciente y hasta lograr normalizar la hemorragia o los tiempos de coagulación. Cuando el proceso de la enfermedad es activo, como en CID, se podrían necesitar múltiples transfusiones en un período de 1 a 3 días. Se debe administrar vía endovenosa utilizando un equipo de infusión con filtro incorporado. No se deben administrar otros medicamentos ni otra soluciones en la misma vía mientras se realiza la transfusión (solamente en combinación con solución fisiológica al 0.9%).
Actualmente, todas las bolsas de sangre comercialmente disponibles en el mercado se encuentran tipificadas para DEA 1.1, y un plasma bien procesado contiene menos de un 4% de glóbulos rojos, por lo que no ocurre inmunización contra los grupos DEA en el paciente receptor. Por esta razón, se considera innecesario realizar las pruebas cruzadas si se está ante una primera transfusión.
En pacientes que han recibido transfusiones previas, las pruebas cruzadas podrían estar recomendadas, sin embargo el riesgo de reacción ante el plasma recibido es bajo, aun cuando se realicen transfusiones repetidas.
Se debe saber que los efectos de la transfusión de plasma son temporales, debido al tiempo de sobrevida y el consumo tanto de los factores de coagulación como de las proteínas plasmáticas. El estado clínico del paciente al evaluar la respuesta ante el sangrado activo, si hay aumento en hematocrito o disminución de efusión en cavidades, va a indicar si la respuesta a la transfusión es adecuada.
Reacciones transfusionales
La aparición de reacciones transfusionales utilizando plasma son raras pero pueden ocurrir, siempre se recomienda monitorear de cerca al paciente durante el procedimiento. Realizar medición de temperatura, frecuencia cardíaca y respiratoria antes de iniciar la transfusión y durante la misma cada 10-15 minutos durante la primera media hora y posteriormente cada 30 minutos hasta finalizar.
Los siguientes signos pueden observarse en caso de reacciones transfusionales:
¿Qué hacer si ocurre una reacción?
Si la reacción es moderada se puede reducir la velocidad de administración, o parar la transfusión y permitir que se normalicen los parámetros para iniciar nuevamente a una velocidad más baja. Si la reacción es severa se debe parar la transfusión y decidir si es conveniente para el paciente reiniciarla nuevamente una vez que se controlen los síntomas o abandonarla completamente.
Conclusiones
El plasma fresco congelado es un recurso muy valioso en la práctica diaria veterinaria y sus ventajas incluyen tiempos de almacenamiento prolongados, riesgo bajo de sensibilización a glóbulos rojos y riesgo bajo de sobrecarga de volumen. Está indicado en diferentes escenarios clínicos (que incluyen desórdenes hemostáticos y pérdida de proteínas) y su uso puede hacer la diferencia entre la vida o la muerte.
Siempre se debe valorar el beneficio de realizar la transfusión contra los posibles riesgos que esto conlleva. Actualmente los riesgos se pueden minimizar seleccionando de forma adecuada el producto sanguíneo a utilizar y teniendo todas las precauciones en la conservación, manejo y administración de dichos componentes.
MV. Silvia Murillo Silva
Banco de Sangre Animal – Costa Rica
smurillo@bancodesangreanimal.com
Referencias/Lecturas recomendadas
Fragío, C & Daza, M.A. 2013. Transfusiones sanguíneas en pequeños animales- Guía práctica. Veterinary Focus. 23: 24-31.
– Sturgess, K. 2014. Fresh frozen plasma – why every practice should keep a bag in the freezer. VETcpd Internal Medicine. 1:32-38.
– Logan, C. et al. 2001. Clinical indications for use of fresh frozen plasma in dogs: 74 dogs. JAVMA. 218:1449-1455.
– Davidow, B. 2013. Transfusion Medicine in small animals. Vet Clin Small Anim. 43:735-756.
– Teff, K. 2014. Successful Management Strategies for Canine Parvovirus. Indiana Veterinary Medical Association Annual Meeting.
– Gibson, G. 2007. Transfusion Medicine. BSAVA Manual of Canine and Feline Emergency and Critical Care.
– Kenichiro, Y. & M. Holowaychuk. 2016. Manual of Veterinary Transfusion Medicine and Blood Banking. Wiley Blackwell, Iowa.